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Guaidó es la cara del robo de CITGO y de la traición intervencionista

El gobierno de Maduro es entreguista y ejecuta un brutal paquete antiobrero

Las nuevas sanciones de EE.UU contra el Estado venezolano, avanzan con el embargo de activos de su propiedad en territorio estadounidense, la congelación de fondos y paralización de operaciones comerciales y financieras. Se prohíbe a estadounidenses e incluso a empresas y gobiernos extranjeros, bajo amenaza de ser también sancionados, hacer negocios o transacciones con instituciones públicas y funcionarios de nuestro país. Sin embargo, transnacionales norteamericanas con intereses en Venezuela han obtenido la autorización de Trump para proseguir.

Aunque se dice que exceptúan los productos básicos, se sabe que se agravarán las dificultades para generar divisas y pagar importaciones, de las que somos altamente dependientes y tendrían una caída todavía más pronunciada, con la consecuente escasez y carestía de muchos bienes de consumo. Al complicarse todas estas operaciones, eso podría propiciar, aún más, la utilización de mecanismos opacos y de dudosa legitimidad, favoreciendo la corrupción.

Es otro capítulo del “tira y encoje” para tratar de derribar o torcerle el brazo a Maduro, a fin de abrirle paso a la oposición clásica de derecha, que aspira a retomar el poder, como caporal del imperialismo yankee.  Un forcejeo de mayor intensidad, entre dos cúpulas políticas y económicas que se disputan el país, junto con los intereses foráneos asociados, cual botín codiciado, sin importarles la suerte de millones de seres sumergidos en una catástrofe verdaderamente arrasadora.  Porque, tales sanciones de quién pretende actuar como el amo del mundo, afectan sobre todo al pueblo, sin haber demostrado mucha efectividad contra el gobierno. Por el contrario, dan pie al reforzamiento de respuestas autoritarias y represivas que, más allá de la oposición de derecha, van contra la gente, contra los barrios populares y contra los sectores que luchan e incomodan con la denuncia y la crítica.

El gobierno, sin tocar ni un pelo a Guaidó, deja de asistir al “diálogo” en Barbados, amaga con disolver a la AN (políticamente activa, aunque inoperante institucionalmente) y despoja a diputados de su inmunidad, para llevarles a juicio por “Traición a la Patria” y otras acusaciones. Diosdado dice que la ANC que él preside, debería seguir “por siempre”. Todo eso, después de haber dejado que se fugara Leopoldo López y escapase un condenado por “graves violaciones de derechos humanos” como Iván Simonovis, condenado por los crímenes de Puente Llaguno. Idas y venidas de la negociación. Juan Guaidó, desde su “presidencia” paralela, con plena libertad de movimiento, sigue como vocero e instrumento yankee, y sale a pronunciarse en respaldo a las medidas de Trump. Así cumple su papel entreguista y pro intervencionista. Por ahora, es la principal cabeza de un polo que plantea una “salida” en favor de corporaciones occidentales, que quieren más de nuestros recursos y riquezas. Por este objetivo hacen cualquier tipo de maniobras. Nada que ver con los intereses de la clase trabajadora y sectores populares, por supuesto.

El gobierno, continúa destruyendo derechos y beneficios de los trabajadores; acaba con las conquistas de la revolución bolivariana y los derechos democrático, con una agresividad y profundidad superior al más brutal gobierno neoliberal. Nada que envidiar a un Macri o a un Bolsonaro.  Y peor aún; lo hace en nombre de la “izquierda” y del “socialismo”, cuando en realidad viene cumpliendo el trabajo contrarrevolucionario de la burguesía, allanándole el camino y haciendo más vulnerable al país frente al imperialismo, sin tomar medidas efectivas ni de fondo.

Estamos entonces ante dos verdugos: Maduro y Guaidó; direcciones políticas que expresan a castas y clases, con todo el poderío que se mueve tras ellos: rusos y chinos con el primero y Trump con el segundo.  Son parte de una disputa geopolítica que se libra dentro y fuera de nuestras fronteras, con Venezuela uno de los centros principales de ese conflicto global. Se nos condena como pueblo a sufrir las consecuencias, y ellos dispuestos a seguirnos ahogando en un mar de corrupción, mafias, agendas ocultas y decisiones que ahondan nuestras calamidades.

Quienes optamos por una resolución soberana, obrera y popular de la crisis, rechazamos tajantemente todo tipo de injerencia imperialista y confrontamos a sus lacayos locales. Lo hacemos sin que signifique apoyo alguno a la cúpula militar y psuvista, ni al gobierno de Nicolás Maduro. Ellos, con su nefasta conducción del país, son principales facilitadores del avance recolonizador e intervencionista, como resultado de sus políticas entreguistas frente a sectores del capital transnacional, hambreadoras, autoritarias, antidemocráticas y violatorias de elementales derechos, con su saldo de muertes, hambre y miseria.  Esto les ha llevado a hacerse merecedores de un amplísimo rechazo a nivel de base, y con él van matando la conciencia antiimperialista que se había forjado con la revolución bolivariana, pese a todo el show y la manipulación del gobierno. La burocracia transfiere ese rechazo que cosecha su comportamiento a la propia idea del socialismo, con el cual su gestión nada tiene que ver, pues más bien son ejemplo de capitalismo salvaje y abuso grosero contra el pueblo. Y esto lo aprovechan el imperialismo y la derecha opositora para mostrarse como ruta “liberadora” frente a gran parte de la población desesperada.

En medio de este pugilato de élites y potencias, ambos sectores continúan saqueando a la nación, cada cual a su modo. Mientras Trump profundiza sus medidas contra Maduro, su títere Guaidó y compañía, gestionan el robo de activos, siendo el caso de CITGO ejemplo del pillaje sobre Venezuela. Por eso el nombra, como “Procurador” de su ficticio gobierno, al abogado José Ignacio Hernández, quien en 2017 fungió como “experto constitucionalista” a favor de la transnacional minera Crystallex, que demandó a Venezuela en un tribunal internacional, con la pretensión de apropiarse de CITGO. Guaidó ha empleado ilegítimamente los recursos arrebatados por USA a la empresa, para pagar deuda corrupta a tenedores de bonos, en vez de atender los requerimientos humanitarios del pueblo. Esto y el escándalo de corrupción en sus filas con fondos de la “ayuda humanitaria”, demuestran su naturaleza.

Sobre la respuesta del gobierno madurista a las medidas de Trump

El gobierno de Maduro no ha dado respuestas contundentes ni proporcionales al calibre de las recientes medidas de Trump. Ofrece declaraciones, promueve marchas gubernamentales y anuncia la suspensión de negociaciones secretas en Barbados, que venía sosteniendo con la oposición de derecha; de las que no se informa sobre lo que se debate o decide. Por secretas, no sabemos si se llevan delante de cualquier otra manera y los mediadores internacionales tratan de restablecerlas para ver el resultado de las últimas jugadas. Las marchas promovidas por la burocracia en el centro de Caracas han sido de muy pobre contenido y arrastran a una base clientelizada, y en el fondo muy despolitizada. Pero lo curioso es que,  mientras al pupilo de Trump se le deja a sus anchas, hacia a la población arrecia la represión policial, como pasó con la detención de unos actores de teatro que usaron uniformes oficiales en una obra. Ni para el humor y la catarsis dejan espacio. Crecen las denuncias de graves atropellos y crímenes del grupo policial de exterminio FAES, sin que haya ningún tipo de respuesta valedera desde el Ministerio Publico o la Defensoría del Pueblo. Acaban de condenar en Tribunal Militar al dirigente obrero Rubén González. A la vez el gobierno aprovecha para tomar nuevos rehenes deteniendo a diputados de la AN opositora. Pero aquí es más fácil que un luchador obrero o campesino vaya preso que la actuación de la justicia frente a quienes llaman a invadir su propio país o después son simples nombres de canje para la negociación.

Como parte de este escenario, seguimos padeciendo el ritmo super acelerado del deterioro de la vida, la trepidante alza de precios de alimentos y medicamentos. Consecuencias que vienen de antes de las sanciones, que son efectos directos de nuestra economía capitalista y de las políticas que ha venido aplicando el gobierno. Un paquetazo permanente que nos ha eliminado derechos alcanzados en décadas a través de nuestras luchas: trabajamos a “salario cero”, mientras vemos a los altos funcionarios enriquecerse con el desfalco continuado y la corrupción, que les ha convertido en nuevos ricos, enemigos de la crítica y de cualquier lucha que busque pararse frente a ellos como principales responsables de un descalabro sin parangón en nuestra historia republicana.   

Maduro y su combo recurren a una retórica falsamente “socialista” y “anticapitalista”, mientras aplican políticas de superexplotación. Su antiimperialismo es de “patas cortas”, como hemos explicado en otros comunicados, y no son capaces de tomar medidas reales contra los grandes capitales norteamericanos invertidos en la economía petrolera, minera y otros sectores. Más bien se avanza en la apertura al capital extranjero con las Zonas Económicas Especiales y los llamados 15 Motores, que revelan el carácter entreguista del gobierno. Se sigue pagando deuda ilegítima, cuyo principal acreedor está en el mercado estadounidense (Goldman Sachs, Blackroet, fondos buítres…) y en cuentas de burócratas, banqueros y neo burgueses venezolanos que se aprovecharon de los bonos de la deuda con doble denominación (adquiridos en bolívares y negociados o cobrados los intereses en dólares).

Por sus políticas anti obreras y capitalistas, e incluso proimperialistas, a pesar de mantener graves roces con Estados Unidos, en el fondo, aquí parecieran estar aplicando el Programa de la MUD o el Plan País de Guaidó. Son parte de una falsa “izquierda” compuesta por cúpulas burocráticas, que solo velan por sus intereses y tienen sus homólogos en algunos gobiernos y ex gobiernos latinoamericanos que pertenecen al Foro de Sao Paulo, los cuales, desde un supuesto “progresismo” cabalgaron procesos emancipatorios en gran parte del continente, pero luego se convirtieron en sus enterradores. Por eso Maduro es el “Termidor” de la revolución bolivariana y solo puede actuar sostenido por los militares y entregándose completamente a otras potencias, como las mencionadas, China y Rusia.

¿Cómo se debería responder al injerencismo imperialista?

Hemos afirmado que el gobierno de Maduro no está en condiciones de tomar medidas contra los grandes capitales, ni de los EE.UU, ni de ningún otro imperialismo. Mucho menos el agente gringo Guaidó. El gobierno es incapaz de cambiar el rumbo con el que ya hipotecó al país y con todo lo que son como casta política y económica. Jamás aplicarán el plan de emergencia que necesitamos los trabajadores, la juventud, las mujeres y los campesinos… y que daría el marco para una autentica respuesta antiimperialista contra la arremetida Yankee, Hacen lo contrario. Por eso, ésta es una tarea de nosotros mismos, como clase trabajadora y como movimientos del pueblo, por lo que necesitamos restablecer nuestros organismos de lucha y gestar una nueva referencia política completamente independiente. Es algo que no vamos a poder lograrlo ni atados a maquinarias de la burocracia, ni con el cuento de que “para salir de Maduro no queda más remedio que alinearse con Guaidó, y… después veremos”, camino por el que se han descarriado algunas organizaciones y dirigentes de lo que conocimos como “chavismo crítico”.

Desde la unidad de los trabajadores y de una izquierda con independencia de clase, necesitamos impulsar la lucha por un plan que atienda a las trabajadoras y trabajadores en primera instancia, que apunte a recuperar un salario que alcance para cubrir la canasta básica familiar. En ese sentido hemos venido dando pasos desde Marea Socialista, introduciendo un Amparo ante el TSJ en defensa del salario mínimo ajustado al Art. 91 de la Constitución, como un eje articulador de luchas obreras, combinándolo con nuestra participación en espacios como “Trabajadores en Lucha”, para poder pelear juntos con criterio de clase y no manipulados por la polarización entre las cúpulas.

Para llevar adelante ese plan, urge suspender definitivamente el pago de deuda externa, indudablemente corrupta y fraudulenta, y ante la que actúan por igual Maduro y Guaidó. El primero destinando los miles de millones que ha cancelado hasta ahora y el segundo, ya lo ha hecho con recursos arrebatados a CITGO por USA y dijo claramente que continuaría religiosamente en su “Plan País”. Ya una parte de los bonos de deuda han caído en “default”, pero el retraso en los pagos no ha venido por las sanciones sino por la cada vez menor capacidad de pago del arruinado Estado venezolano. Por supuesto que estamos en contra de incurrir en nuevos endeudamientos que comprometan la soberanía y nos sigan hipotecando para satisfacer a la corrupción sin resolver los problemas del país y poniendo en riesgo a las futuras generaciones. Venezuela paga las más altas tasas de interés del mundo a los acreedores, mientras que el volumen del desfalco burocrático-burgués casi triplica el de la deuda externa, calculada entre 140 y 175 mil millones de dólares y es considerada como una de las deudas per cápita más altas de América Latina (como deuda repartida entre cada uno de los venezolanos). Tanto la deuda pendiente, como la ya pagada por el gobierno actual (e incluso por Chávez), que Maduro cifró en unos 70 mil millones de dólares desde que está en la presidencia, debe ser sometida a una Auditoría Pública y Ciudadana, porque no es justo que se haga pasar hambre y padecimientos a un pueblo para que sea éste quien pague la crisis derivada del robo a la nación.

Hay que tener iniciativas que lleven a recuperar los capitales que fueron desfalcados y fugados mediante distintos mecanismos delictivos, en los cuales están involucrados sectores del gobierno, empresarios y banqueros. Todos los bienes de quienes estén involucrados en el desfalco deben ser confiscados o repatriados, para poder utilizar esos recursos en la mejora de los salarios y emprender la reactivación del aparato productivo nacional. Oponernos a que el resultado del desfalco y la dilapidación de las empresas del sector público termine siendo la privatización, algo que pregona abiertamente Guaidó pero que lo viene haciendo o preparando solapadamente el gobierno de Maduro. Por supuesto, hay que dar la pelea por la devolución de los activos venezolanos en el exterior, pero para beneficio del pueblo.

En lugar de seguir quitando las tierras a los campesinos que las han venido trabajando, para favorecer a antiguos terratenientes o a militares, hay que relanzar la producción agrícola, favoreciendo a los campesinos sin tierra y apoyándose en los pequeños y medianos productores, con proyectos sociales, estrechamente vigilados para impedir la corrupción, como alternativa frente a la escasez de alimentos y a las dificultades para importarlos.   

Guaidó entrega CITGO al imperialismo y Maduro no hace nada por recuperarla. Debemos seguir reclamando e insistiendo en su rescate y el equipo de Guaidó debería responder con sus propiedades por ser cómplices de este arrebato. Pero los Estados Unidos y sus transnacionales tienen grandes propiedades en el país al servicio de la explotación semicolonial de nuestros grandes recursos, por tanto, podemos resarcirnos expropiándoles, revisando especialmente los negocios en petróleo y acabando con la explotación predadora del Arco Minero del Orinoco, pero no para hacer lo que hizo la burocracia roja con su estilo de manejar las expropiaciones, que hoy genera tanto rechazo, ya que las utilizaron para su provecho propio. Planteamos una expropiación con participación y protagonismo de los trabajadores, y con contraloría del pueblo organizado.

Esto no debe significar la intensificación de la dependencia respecto a China y Rusia, cuyos negocios en Venezuela también deben ser revisados. Debe abrir paso a una orientación de verdadero “desarrollo endógeno”, donde las relaciones económicas con el extranjero se sujeten a los reales requerimientos del país y no al lucro de nuestra burguesía ni de la casta parasitaria gobernante.

Es necesaria una intensa campaña internacional contra las sanciones, las confiscaciones y el bloqueo, pero en apoyo del pueblo venezolano y no del gobierno de Maduro. Promoveremos esta campaña desde la Liga internacional Socialista (LIS), de la cual somos parte; y la venimos construyendo con organizaciones revolucionarias del mundo, como alternativa que unifique nuestra lucha internacionalista en una dirección correcta.

Insistimos en que sería imposible superar semejante situación política y económica con el actual gobierno o con un gobierno encabezado por Guaidó, ni con un gobierno de “transición” o de “salvación nacional” ni con una “Junta Patriótica” que termine siendo una mezcolanza impune de variantes de la burocracia corrupta y de la dirigencia burguesa y sus versiones “moderadas”, que al final están todas en la línea de la explotación capitalista del pueblo. Nos oponemos rotundamente a estas falsas salidas.

Creemos que las actuales instituciones y sus direcciones no pueden dar nada bueno y que los estragos de esta mega crisis requieren retomar la senda de una transformación profunda, económica y democrática, donde el centro sean verdaderamente los trabajadores, los sectores populares, los campesinos, los profesionales honestos y capaces, para recuperar a la sociedad y a la República. Por ello pensamos en una nueva Asamblea Constituyente, verdaderamente democrática, soberana y popular, que no tenga nada que ver con el esperpento burocrático que actualmente se hace llamar como tal y que solo cumple órdenes del poder constituido. Nosotros hablamos de una instancia consultada al pueblo, que sea expresión de la más profunda democracia, dando paso a una completa redefinición del Estado y a un gobierno que regule al favor del trabajo y no del capital y los corruptos.

Con todas nuestras premisas, seguimos haciendo el llamado a impulsar a Marea Socialista, esfuerzo militante y de lucha que hemos venido levantando desde hace tiempo, con la irrenunciable estrategia de construir un partido que sea capaz de agrupar a la mayor cantidad de hermanos y hermanas de clase que no se conforman con ser solo comentaristas de la catástrofe que sufrimos y que forjemos una fuerza orientada hacia la conquista del poder y el establecimiento de un gobierno de los trabajadores y el pueblo.

Pero, este camino hay que andarlo articulando la unidad de los trabajadores y de los movimientos sociales que luchan con autonomía respecto a los factores dominantes, por lo que procuramos la unidad independiente de todo el pueblo oprimido, de sus movimientos sociales y de las organizaciones de izquierda que no se someten a la burocracia ni al capital, que no están dispuestas a seguir atrapadas en el juego de la polarización entre Maduro y Guaidó, ni quieren un gobierno que sea un “arroz con mango” de los residuos del PSUV y de partidos burgueses tradicionales. Esta unidad debe producirse tanto en el terreno de la lucha cotidiana como frente a una eventual contienda electoral y seguir apuntando a construir juntos y juntas una organización revolucionaria común, anticapitalista y antiburocrática, consecuentemente antiimperialista y genuinamente democrática.

Queremos dar todos estos debates y otros más, que nos permitan mostrar que es realmente posible tomar un sendero que lleve a resolver los problemas de la clase que vive de su propio trabajo y no de la explotación ajena, por el bien común del conjunto del pueblo, de la mujer, de la salud, de la educación, de los servicios públicos…  y desechar los atajos y engaños que terminan siendo iguales o peores a aquello que deseamos superar.

En Marea Socialista no somos escépticos, ni “economicistas” que terminan enfocando cualquier propuesta desde el “posibilismo” y solo contribuyen con la ya pesada losa desmovilizadora de un panorama país bastante adverso, que no quiere decir que sea definitivo. Muy al contrario, cuando los gobiernos del mundo ven con recelo procesos como el levantamiento del pueblo de Puerto Rico, nosotros saludamos con entusiasmo las revoluciones y revueltas, al igual que las movilizaciones de los chalecos amarillos en Francia o las protestas en las calles de Hong Kong. Sobre todo, entendiendo que nuestras propuestas son de perspectivas internacionalistas, y que toda su viabilidad va de la mano con la disposición de lucha de todos nuestros pueblos hermanos de América Latina y del globo terráqueo.


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