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Presos políticos y exiliados, represión, deterioro social y un régimen agotado obligan a pensar cómo dar vuelta todo.  El lunes pasado la Guardia Civil ejecutó una razzia en la ciudad de Sabadell donde fueron detenidas nueve personas. Dos fueron liberadas y siete encarceladas sin fianza. Según las noticias, dos de los detenidos habrían respondido a los interrogatorios y cinco no, negando en todos los casos que fueran a dañar personas o realizar actos terroristas. Se las acusa de pertenecer a una organización terrorista, de fabricación y tenencia de explosivos y conspiración para causar estragos.

Los familiares de los detenidos y la plataforma #Detingudes23S exigieron “explicaciones por el trato dispensado a los presos, su puesta en libertad y retirar los cargos”, los abogados de Alerta Solidaria también han denunciado la vulneración de derechos. Hubo grandes movilizaciones repudiando las detenciones en Sabadell y en otras localidades de Catalunya en las que participamos. Mientras en el Parlament hubo un duro debate, el gobierno español del PSOE festejó la actuación represiva, con un ojo puesto en las manifestaciones que vendrán por el 1-O y la sentencia del Juicio Farsa y el otro puesto en las elecciones del 10N.

Cuando se trata de Catalunya, al andamiaje institucional no le importa encontrar la verdad, respetar derechos y juzgar con equilibrio. Entre tergiversaciones y exageraciones, sólo pretenden causar miedo agitando el fantasma del terrorismo y señalando a los CDR (Comité de Defensa del Referéndum/República) como responsables de todo. Por estos motivos, las “investigaciones” y causas carecen de credibilidad.

Cuando se trata de Catalunya, al andamiaje institucional no le importa encontrar la verdad, respetar derechos y juzgar con equilibrio.

Más allá de esto hay que poner el acento dónde corresponde: la violencia no se encuentra en Sabadell, está enquistada en las instituciones del régimen del ´78 que sostienen al Estado español. La usina de la violencia está en la opresión, el recorte a las libertades democráticas elementales, la represión, el desconocimiento al derecho de autodeterminación y la eliminación de conquistas sociales. Son rasgos característicos de una democracia que se presente como “modélica y avanzada” pero que no lo es.

La tarea inmediata es fortalecer la lucha por la libertad los presos políticos y exiliados y exigir que la Guardia Civil se vaya de Catalunya, impulsando la más amplia unidad de acción en la movilización. Llamando a la solidaridad de los que se dicen democráticos, republicanos, de izquierda, de los trabajadores y los pueblos de todo el mundo. Hay que hacerlo por encima de los gobiernos del bloque imperialista de la Unión Europea que cerraron filas con los opresores.

Al mismo tiempo, es necesario reflexionar sobre otros aspectos claves para el futuro. El régimen monárquico-parlamentario moldeado por el franquismo está agotado, no puede brindar ninguna salida progresiva. Pero aun en crisis, responderá criminalizando las protestas como sea para “salvar la unidad de España”. No hay indicios de que el poder central tenga la intención de resolver el problema político con Catalunya con una salida política. Aunque el 155 hoy no se aplica, la contraofensiva represiva se mantiene.

…la violencia no se encuentra en Sabadell, está enquistada en las instituciones del régimen del ´78 que sostienen al Estado español.

Partidos como ERC, PdeCat, JxCat ayudaron a ungir a Pedro Sánchez y el PSOE como supuesto “mal menor” e insisten en que lo fundamental es el diálogo con el opresor para llegar a consensos democráticos por la independencia. No compartimos estas posturas, las medias tintas han demostrado llevar a un callejón sin salida. España no cambiará sin mediar la derrota del régimen del ´78 y sus defensores: la derecha y la ultra con el «trifacho» PP-Cs-VOX y la socialdemocracia del PSOE.

La sentencia del Tribunal Supremo que no será absolutoria requerirá de una respuesta contundente y sostenida en el tiempo con unidad, desobediencia civil, movilizaciones masivas y huelgas generales activas. Hay que organizar todo democráticamente desde abajo, sin esperar “jugadas maestras” ni que el Govern y el Parlament tomen la iniciativa. Las medidas pueden ser más fuertes con un rol protagónico de los CDR, los colectivos sociales, los partidos políticos y sindicatos independentistas.

La centroizquierda de Podemos, sus integrantes y socios se han adaptado al régimen, han abandonado la movilización y se mantienen en los marcos del capitalismo, por eso están desilusionando a amplios sectores de la sociedad. Para estar a la altura del pueblo trabajador movilizado, los catalanes, las mujeres y los pensionistas, hace falta construir una nueva alternativa de izquierda, anticapitalista, con el mandato del 1-O como bandera, por un gobierno de los trabajadores y el pueblo, feminista, socialista y ecologista. Es la tarea primordial que impulsamos para Catalunya y el Estado español desde SOL, como integrantes de la Liga Internacional Socialista.

Ruben Tzanoff


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