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24 de febrero de 2019.- En medio de la situación, sin tener nuestras esperanzas cifradas en unas elecciones burguesas, levantamos la bandera por el referendo consultivo, por una parte, como una alternativa democrática para buscar, con la participación del pueblo soberano, una posible solución del conflicto actual en Venezuela, que pueda evitar la intervención y la guerra. Por otra parte, planteamos el Referendo Consultivo como una manera de diferenciarnos de las dos cúpulas que hoy se disputan el poder a costas del sufrimiento de los trabajadores y el pueblo. Igualmente intentamos abrir otro camino, con el reagrupamiento de luchadores, personalidades, grupos y corrientes políticas de la izquierda y del “chavismo crítico”, así como de sectores del centro político, que no están ni con Maduro y ni con Guaidó; esto con la finalidad de procurar el surgimiento de una tercera fuerza, de carácter autónomo, que escape a los condicionamientos de la polarización entre la burocracia madurista y los sectores capitalistas que se reflejan en la derecha tradicional con el respaldo imperialista.

Pero este planteamiento debe ir acompañado del debate a fondo sobre qué país necesitamos desde la perspectiva de los trabajadores y el pueblo. Maduro ya demostró a qué sectores de la burguesía mundial responde y Guaidó también ha mostrado a quién responde y a quién responderá, como instrumento de Trump y del imperialismo norteamericano. Se trata de darnos la oportunidad de discutir el país, su economía, el uso de sus recursos y el modelo productivo en un proceso democrático de los trabajadores y el pueblo. Es tratar de rescatar un verdadero proceso constituyente, que permita de algún modo recuperar el protagonismo político de la clase trabajadora y de los sectores oprimidos, pues cualquiera de las otras opciones significarían seguir en manos de uno u otro gobierno que a su propia manera responderá a la burguesía imperial y al orden capitalista global a costas de nosotros mismos.

Este 23F fue un día que en Venezuela, la oposición de derecha daba como fecha tope: Era “el día D” en que se iba a “salir de Maduro”. No fue con la vitrina de “ayuda humanitaria” en la que Trump y sus gobiernos satélites de la región lograron dividir a un sector importante de las Fuerzas Armadas venezolanas, que facilitaría un golpe de Estado a Maduro e instalar un gobierno manejado completamente desde la Casa Blanca.

La movilización hacia los cuarteles que había convocado Guaidó no se dio como esperaba, las personas saben lo que enfrentarían de acudir a este llamado, a pesar de que el gobierno de Maduro, más allá de la propaganda, es una dirección debilitada e impotente ante el colapso económico y social del país, ha mostrado su talante represor y exponerse a la muerte o al presidio no fue la elección que tomaron los venezolanos que en gran parte, desesperados, han apoyado esta opción de la derecha más ultra e injerencista.

Guaidó es el producto de una estrategia político-comunicacional que se fundamenta en revivir el optimismo de inmensos sectores descontentos de las masas, convenciéndolas que en cuestión de días habrá un desenlace que les lleve al gobierno.

El montaje de los intervencionistas terminó con el presidente autoproclamado en Colombia

A ambos lados del puente fronterizo Simón Bolívar y con pocos metros de distancia entre sí, se realizaron sendos conciertos por ambas cúpulas. Luego, se viralizó un video en el que tres funcionarios de la FANB desertaban y cruzaban el puente. Un show tan mal montado que sumó seis militares a sus filas. Para cerrar esta escena de fracaso Guaidó se fue a Colombia y desde el otro lado de nuestro territorio apeló a su “jefatura” de las FFAA y prometió “dejar sin efecto” la calificación de Traidores a la Patria, para efectivos militares que crucen la frontera, pero la deserción masiva de militares no se dio. La oferta no dio frutos. Las “deserciones” ocurridas fueron muy bajas y no fue del Alto Mando Militar.

Guaidó se exhibe con los políticos más recalcitrantes de la derecha regional Iván Duque, Sebastián Piñera, Mario Abdo y Luis Almagro, se mostraban orgullosos de ser las caras de quienes enfilan la injerencia imperialista en Venezuela.

El “gran logro” de la derecha fue el paso de un camión por la frontera con Brasil, sin saber a dónde y cómo será la distribución de los “insumos” que lograron llegar a suelo venezolano, pero con el detalle que el “presidente autoproclamado” se encuentra en territorio extranjero.

La quema de los camiones: Un plato servido al injerencismo

Ya casi al final de la tarde de un largo día, Juan Guaidó anuncia un supuesto ingreso de camiones por el paso de Ureña, el resultado fueron gases lacrimógenos y dos camiones quemados. La industria de la propaganda esta vez suena los tambores de guerra y dice que esta fue una acción de guerra contra Colombia, mientras el gobierno de Maduro a través de su industria propagandística desmiente el hecho responsabilizando a la misma oposición de derecha de ser los perpetradores de la quema. A los fake news y falsos positivos estamos acostumbrados de ambos lados de las cúpulas que se disputan el Poder, pero éste en particular, le da la posibilidad de justificar una agresión bélica por parte del ejército colombiano, obviamente acompañado del Comando Sur.

Aunque el injerencismo e intervencionismo disfrace de victoria la acción llevada este 23F, la verdad es que no logró dividir a las fuerzas armadas, que era uno de los objetivos principalísimos que se habían planteado, y Guaidó quedó del lado colombiano, sin posibilidad de entrar a territorio venezolano, porque corre el riesgo de ser encarcelado. Sin embargo, ha anunciado su participación en el Grupo de Lima, y queda la argumentación del ataque a Colombia por la quema de los camiones de la ayuda humanitaria. Se ponen de manifiesto los “gazapos” de la Constitución Nacional del año 1999 ya que apelan al artículo 187, literal 11 en el que se expresa que la Asamblea Nacional puede autorizar una intervención de tropas extranjeras, con lo que tergiversan el sentido de ese literal en el que el término “misiones” militares equivale a representaciones y no a ejércitos, como sucede en el caso de las llamadas “misiones diplomáticas”.

Esto lo hacen con el enrevesado instrumento anticonstitucional creado por la AN opositora (ahora del gobierno “paralelo” de Guaidó) llamado Estatuto de la Transición, que contempla la posibilidad de autorizar la “ayuda humanitaria” y de pedir apoyo internacional para afianzar la “soberanía territorial” del pretendido gobierno.

Maduro, aunque debilitado, sigue en el Poder. Con una movilización, más nutrida por los funcionarios públicos obligados a asistir que por los antiimperialistas, Maduro rompe relaciones políticas y diplomáticas con Colombia. Entre insultos y expresiones vulgares, que piensa que lo acercan al pueblo pobre, dejó caer la perla de que podía pagar toda la ayuda humanitaria proveniente de Brasil y reta a Guaidó a que convoque elecciones presidenciales. Falacias de un desesperado en el Poder que depende, tanto como la derecha tradicional, del apoyo o no de las Fuerzas Armadas.

Evidentemente Maduro pone de manifiesto cuáles son sus prioridades. Mientras los trabajadores en Venezuela son sometidos a condiciones de absoluta precariedad (sueldos que alcanzan menos de 10 dólares al mes, distribución de alimentos a través del partido de gobierno, encarecimiento y escasez de las medicinas, etc.) ayer ofrecía pagar de inmediato el precio de la ayuda humanitaria proveniente de Brasil y de la Unión Europea, demostrando entonces que la depauperación de la vida del venezolano es una cuestión que solo atenderá si tiene la amenaza de ver caído su gobierno.

Un detalle no menos importante, es el “reto” al que invita Maduro a Guaidó de convocar elecciones presidenciales. Lo que queda en el aire son más dudas que certezas: ¿Cómo convocaría a elecciones una Asamblea Nacional “ilegalizada”? ¿Por qué no las convoca él, con previo acuerdo de cambiar el CNE? ¿Por qué en lugar de llamar a que los venezolanos se maten en caso de que a él personalmente le pase algo, no evita el derramamiento de sangre que la derecha injerencista promociona? ¿Cómo pretende que el pueblo que se quedó en el país aguantando las penurias se deje matar por defenderlo a él y su gobierno?

Por un partido de los trabajadores y el pueblo

Para los trabajadores y el pueblo es imperativo oponerse y enfrentar la ofensiva imperialista que viene a hacerse de nuestros recursos y a imponer su propia disciplina. Maduro tiene la misma cara de entreguista con la burguesía transnacional que Guaidó. La burguesía de los imperios se ha fortalecido con un gobierno que ha falsificado toda la premisa del socialismo. Sean los chinos, los rusos o los gringos los recursos del país son su prioridad. La burguesía burocrática que ha hecho parte del gobierno no quiere salir del juego.

Mientras ellos tocan tambores de guerra, los trabajadores Los explotados, los oprimidos debemos avanzar en nuestra propia agenda movilizatoria contra la ofensiva imperialista que se asoma detrás de Guaidó y contra Maduro. Sabemos de las consecuencias nefastas desde el punto de vista organizativo, de no contar con una Central Obrera, o con organizaciones autónomas del movimiento popular, pero desde Marea Socialista hacemos un llamado a organizarnos por un programa de los trabajadores.

Por ahora es importante entender que para los trabajadores el “Plan País” de Guaidó, es un programa que le garantiza estabilidad económica y lucro a la burguesía, no a los trabajadores. La estabilidad será en función de los negocios. Algo parecido a lo que representa el gobierno de Maduro, pero con cara pro-gringa e intervencionista, más bélica. No por oponerse a Maduro reconstruirán nuestro país

Marea Socialista


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