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Contra el intervencionismo yankee apoyado por Guaidó y contra todos los factores imperialistas actuantes en Venezuela

Recientemente culminó el XXV Foro de Sao Paulo (FSP). De su declaración solamente compartimos la denuncia y rechazo del intervencionismo norteamericano, en todas sus formas, pero no el respaldo incondicional brindado al gobierno de Nicolás Maduro y a direcciones políticas de las burguesías latinoamericanas que han mostrado sus “patas cortas” e incluso han llevado adelante políticas antiobreras y antipopulares cuando han estado en el gobierno. Por supuesto que coincidimos también en el rechazo a todo lo que representa Guaidó, como representante de los intereses burgueses e imperialistas en Venezuela, pero no porque la opción sea un gobierno como el actual (de Maduro-Militares-PSUV), autoritario y destructor de las conquistas de la revolución bolivariana y de muchos logros anteriores, llegando hasta más lejos que los ajustes del neoliberalismo, con la envoltura de un falso lenguaje de “izquierda” y mal llamado “socialista”. Además de todo eso, se trata de uno de los gobiernos más depredadores de los recursos venezolanos y de entrega a diversas expresiones del capitalismo global (pese a la confrontación con el gobierno de Trump).

En la declaración final del FSP puede notarse claramente a donde apuntan, como prioridad, los intereses de una agrupación de partidos, movimientos y gobiernos que se autoproclaman progresistas y de izquierda, pero cuyo carácter se retrata en los acontecimientos, sólo con mirar el avasallante crecimiento de la corrupción y los mecanismos mafiosos de apropiación de rentas, a años luz de los principios y de una verdadera alternativa al modelo reinante de gobernanza mundial. A lo largo de la declaración se revela la visión cupular y desentendida de los grandes problemas que padecemos los trabajadores y los sectores populares de América Latina, respecto a los cuales no basta la óptica polarizadora, que recurre exclusivamente a señalar el papel de Estados Unidos como hegemonista económico en el mundo y su condición de potencia capitalista. Se soslaya la responsabilidad de miembros del FSP que son o han sido gobierno, en la profundización de las calamidades que padecemos como pueblos del continente. Y más, observando el rumbo que tomaron direcciones políticas que se convirtieron en facilitadoras de tareas antidemocráticas, entreguistas y sofocadoras de incipientes procesos emancipatorios vividos en la región a lo largo del siglo XX y a principios del XXI; como es el rol de Maduro y Ortega, por ejemplo.

Hablan en abstracto de defender la soberanía, la democracia, los Derechos Humanos, la pluralidad… cuando gobiernos como los mencionados y otros a los que han defendido, terminan en todo lo contrario. Habría que preguntarse entonces: ¿cómo es que conciben la “soberanía” quienes entregan el 12% del territorio nacional a las transnacionales mineras en el llamado Arco Minero del Orinoco o persisten en pagar deuda a costa de los sectores más desposeídos de la sociedad? ¿cómo conciben la “democracia”, quienes son parte de turbias negociaciones en Europa o el Caribe con los factores a los que dicen rivalizar y de las que no tenemos idea de qué es lo se discute o acuerda a espaldas del pueblo? ¿cómo entienden la “paz” que pregonan, mientras los barrios sufren las arremetidas del FAES y se cometen asesinatos en acciones extrajudiciales? ¿qué pueden hablar de Derechos Humanos cuando en Venezuela nos han eliminado, de hecho, el salario y otros derechos ligados al trabajo, que son consustanciales a la vida? ¿cómo pueden hablan de “pluralidad” quienes sintonizan con la perpetuación de regímenes de partido único, o pregonar el “activismo popular” cuando bandas paramilitares al servicio de camarillas enquistadas en estructuras del Estado son tristes protagonistas apagafuegos, ante las protestas genuinas de la población, como se ha visto en Managua o en Caracas?

Lula o Cristina Fernández, figuras exaltadas durante la realización del evento -que incluso para ésta última fue votada una resolución de apoyo electoral en la venidera elección presidencial en la Argentina- no fueron y no significan una opción diferente que dé posibilidades de abrir una brecha de lucha contra el modelo desarrollista expoliador extractivista sustentado en los apetitos de los mercados y que nos ha llevado a la contaminación de los ríos, la deforestación, a la mercantilización profunda de la salud y de la educación o al montaje de regímenes laborales de hambre.

Por el contrario, decimos sin medias tintas que tales gobiernos cabalgaron ascensos de masas en momentos en que había una disposición de cambio en la mayor parte de Suramérica y una vez en el gobierno se burocratizaron y se asimilaron a la lógica del capital, con sus vicios inherentes y con sus formas de hacer política para los poderosos, nuevos o de siempre, traicionando las voluntades de millones que apostaban por avanzar hacia la resolución de la infinidad de problemas, causados a razón de ser históricamente el patio trasero de Estados Unidos. Ya fueron gobierno, demostraron lo que son y quieren volver, pero los pueblos no deben continuar pagando el costo de seguir a esas direcciones inconsecuentes y traidoras.

El apoyo a Maduro es una de las variantes más grotescas de cuantas resoluciones se conocieron, por las sustentaciones que dan a semejante postura, atribuyéndole una valoración de continuismo de la llamada revolución bolivariana y de supuestas gestas libertarias a favor del pueblo venezolano, cuando es la expresión de una casta que genera un descomunal rechazo a nivel de la base popular y del conjunto de la población, precisamente a razón de ser los desmanteladores, no solamente de las conquistas sociales y económicas que se habían alcanzado en los últimos 20 años, sino que han llevado al país a una catástrofe total, convirtiendo el día a día de las familias humildes en un suplicio interminable. Hay crisis eléctrica, crisis de transporte, crisis hospitalaria, la educación está por el piso … Maduro y los suyos dejan escapar a violadores de derechos humanos como Simonovis, lo cual no nos extrañaría que fuese parte de lo que acuerdan en secreto el gobierno y la oposición. Aquí se encarcela a una joven artista por publicar unos twits, tal fue el caso de Karen Palacios. Se deja ciego a un muchacho por reclamar gas doméstico con su comunidad. Aquí se tortura y se asesina a detenidos en los calabozos, como sucedió hace poco con el capitán de corbeta Rafael Acosta Arévalo. Aquí se le “pasa factura” a Rodney Alvarez, un obrero que lleva ocho años, parte de ellos sin juicio, preso por un delito que no cometió, por el solo hecho de levantar su voz contra burócratas sindicales ligados al PSUV. Y sólo citamos algunos casos para ejemplificar.

El “integracionismo” de los gobiernos “progresistas” que es enarbolado desde el FSP, aunque pueda expresar roces con el imperialismo norteamericano y la búsqueda de una correlación de fuerzas más favorable, es realmente el reacomodo de factores burocráticos y neo-burgueses, que se ordenan para seguir afinando el control y los negocios de las elites, en el marco de las disputas geopolíticas e interimperialistas, dando continuidad a la entrega de nuestros recursos a las corporaciones, entre ellas las chinas y rusas que tienen un enfrentamiento contra Trump y su banda, lo que no significa que den cauce a que otras formas de encarar la crisis mundial del capitalismo en favor las mayorías depauperadas. Por eso desde el FSP saludan la movilización del pueblo puertorriqueño casi que a regañadientes y muy superficialmente, porque les resulta inevitable sentirse salpicados y amenazados por el levantamiento de cualquier pueblo.

Queda claro entonces, ante todo lo anterior, que la única alternativa que tenemos los trabajadores y los pueblos latinoamericanos y de todo el mundo, somos nosotros mismos, a través de nuestras propias expresiones autoorganizadas y conscientes. Esa es una conclusión inicial que debe dar paso a emprender la construcción de nuestras propias herramientas políticas. No estamos obligados a escoger entre nuestros verdugos. Maduro, Ortega, Cristina Fernández, Lula, Diaz-Canel… quienes no representan formas reales de liberación de sus pueblos, frente a las caras típicas del capital que hoy se muestran a través de Donald Trump y de sus servidores directos: Guaidó, Macri, Bolsonaro y todas las variantes racistas, xenófobas, homofóbicas y antipopulares congregadas en otros agrupamientos como el Grupo de Lima.

Desde Marea Socialista promovemos una integración latinoamericana distinta, basada en el impulso de la movilización revolucionaria de los trabajadores y de los pueblos a escala continental, para alcanzar el establecimiento de gobiernos que respondan a nuestra clase y no a las capas sociales dominantes y explotadoras. Sobre esa base, nuestras naciones podrán unirse y fortalecerse para vencer todo sometimiento colonial y semi colonial. Apuntamos a dos estrategias fundamentales que son: la movilización de masas y la construcción de partidos revolucionarios, la antítesis de espacios burocráticos como el FSP.

Nuestra organización se inscribe en la lucha por la independencia plena y por la unión libre y autodeterminada de los pueblos, sin ataduras de ningún tipo a los intereses o imposiciones de las potencias imperiales (tradicionales y emergentes) y del capitalismo global. Por eso, en el caso venezolano, hemos respaldado la salida de la OEA y del CIADI, y de todos los tratados militares, políticos y comerciales concebidos para la dominación norteamericana y del imperialismo mundial sobre los países de América Latina. De ahí que acompañásemos las iniciativas de Chávez para crear UNASUR y CELAC, no supeditados a los Estados Unidos, aunque siempre advirtiendo sobre las limitaciones e inconsecuencias, mientras estuviesen controlados por gobiernos de las burguesías nacionales y no por gobiernos de la clase trabajadora. Por el mismo motivo, hemos señalado, cuando se produjo el ingreso de Venezuela, la necesidad de un nuevo Mercosur, en beneficio de los trabajadores y los pueblos, y no de los capitalistas del área, sin tratados de “libre comercio” que debiliten su soberanía frente a Europa o a Israel. También por eso nos oponemos a las relaciones de Colombia con la OTAN y, por supuesto, a las bases estadounidenses en su territorio. Para nuestra organización, la perspectiva tiene que ser la unión libre de los pueblos en federaciones de repúblicas socialistas y democráticas por región o continente, sin olvidar la inspiración de lo que fue la Gran Colombia bolivariana que unió por un tiempo a varias de las naciones liberadas bajo la conducción de Simón Bolívar.

Activamos enérgicamente contra toda intervención y dominación imperialista, en todos los campos, y por eso nos pronunciamos contra el sistema de dominación implantado a través de la Deuda Externa. Nos oponemos a que se sacrifique a nuestro pueblo para el pago de una Deuda Corrupta, que hoy es pagada tanto por Maduro, como por Guaidó; éste último a través de los recursos utilizados tras el arrebato de la empresa venezolana CITGO por el gobierno de Trump, con su complicidad, y que el autoproclamado no destinó a la “ayuda humanitaria” sino a satisfacer al capital financiero internacional y a los tenedores de bonos. Frente a ello hemos levantado el planteamiento de una Auditoría Pública y Ciudadana, con suspensión del pago de la deuda externa ilegítima y fraudulenta. Y en este mismo sentido, hemos apoyado la idea de un frente de países deudores para desconocer las deudas ilegítimas y odiosas.

Condenamos las acciones de rapiña imperialista llevadas a cabo por Estados Unidos contra Venezuela con el beneplácito y la cooperación de la derecha opositora y del “gobierno” de Guaidó, convertido en instrumento directo de sus intereses; la incautación de activos y empresas venezolanas y las llamadas “sanciones” económicas aplicadas a Venezuela por el imperialismo, que en realidad son instrumentos genocidas para la intervención y mecanismos inaceptables de presión y chantaje contra un país. Demandamos el cese inmediato de esas acciones y exigimos la devolución de los bienes y fondos venezolanos en el exterior para utilizarlos en la superación de la crisis. Pero no por ello convalidamos la manipulación que se hace con la excusa del bloqueo, las sanciones y la guerra económica, para tapar las responsabilidades de la burocracia gobernante en Venezuela sobre los desastres generados por sus políticas y el desfalco descomunal que han practicado contra el patrimonio público. Por eso criticamos el ejercicio de una “solidaridad” hipócrita que consiste en apoyar a unas élites contra otras, en desmedro de los verdaderos intereses de los pueblos.

Dentro de nuestra orientación antiimperialista hemos apoyado la estatización de las empresas y servicios públicos en Venezuela, pero bajo control social y no para el usufruto de la burocracia o para su liquidación y reprivatización una vez exprimidos. Estamos por la anulación de los Tratados de Libre Comercio (TLC), que acentúan la dominación económica del imperialismo y las transnacionales. También decimos: ¡Abajo el bloqueo yanqui a Cuba!, sin disculpar al burocratismo autoritario imperante en la isla. Decimos: ¡Fuera la Minustah y sus tropas de Haití! Y no hacemos la “vista gorda” con la participación de Brasil en tiempos de Lula o de Argentina en tiempos de los Kirchner en esta misión de la intervención militar de la ONU sobre esa nación del Caribe, en la que destacan países Estados Unidos (agresor imperialista mayor), Francia (ex colonizadora de Haití) y España (ex colonizadora de gran parte de América). No por confrontar al imperialismo norteamericano dejamos de oponernos a las políticas imperialistas de China y de Rusia, particularmente comprometidas en Venezuela, en el usufructo de sus recursos y para el posicionamiento geopolítico de sus gobiernos en la América latina y el Caribe.

Con este enfoque, contra todos los imperialismos, por la independencia y por la integración genuina de las naciones oprimidas, desde abajo y con sus pueblos, contra sus élites, sus burocracias y sus burguesías, en sintonía revolucionaria con la clase trabajadora a escala mundial, hacemos parte de la Liga Internacional Socialista (LIS), de la que también es integrante el MST en la Argentina, en donde se ha dado un paso importante para la unidad de la izquierda anticapitalista, antiimperialista y antiburocrática, ensanchando la articulación del Frente de Izquierda de los Trabajadores (FIT-Unidad), que electoralmente presenta otras alternativas, como las candidaturas de diputados, y la fórmula presidencial de Nicolás del Caño y Romina del Plá, en contra de los candidatos de la burguesía argentina y de los apoyados por los partidos del Foro de Sao Paulo. Levantamos alternativas independientes de las burocracias y las burguesías en todo el mundo, como una tarea a la que nos avocamos junto a la juventud, a los trabajadores y trabajadoras, a las mujeres, a los estudiantes, a los campesinos … única forma de encontrar la posibilidad real de una salida a la crisis a favor de nuestra clase y no de quienes nos explotan y dominan. Con ese llamado, programa y política, invitamos a hacer juntos y juntas una experiencia militante en torno a la construcción de Marea y de la LIS.


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