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La Corriente Sindical y de Lucha “Primero de Mayo”, que agrupa en forma unitaria a dirigentes y luchadores que impulsan la movilización y organización de la clase trabajadora y sectores populares para la recuperación de sus derechos y libertades, publicó el 13 de julio, una declaración en la cual manifiesta su solidaridad con las víctimas de los terremotos del 24 de junio y expone una serie de denuncias, acompañadas de exigencias al gobierno, así como propuestas y un llamado a la clase trabajadora venezolana. Marea Socialista hace parte de esta corriente unitaria.  

A continuación, compartimos la declaración completa:

Declaración de la corriente sindical y de lucha “Primero de Mayo” ante la catástrofe nacional, el saqueo interno y la entrega al imperialismo

A las y los trabajadores venezolanos, al pueblo humilde que sufre y lucha:

Desde la Corriente Sindical y de Lucha “Primero de Mayo”, nos dirigimos a toda la clase trabajadora en un momento de profundo dolor colectivo. Expresamos nuestra más firme y sentida solidaridad con las miles de familias afectadas por los terribles terremotos del pasado 24 de junio, cuyos efectos devastaron sectores de Caracas y ensañaron su fuerza con mayor gravedad en La Guaira, donde lamentablemente la cifra de víctimas fatales sigue en ascenso.

Sin embargo, este desastre natural no llegó al vacío. Encontró a un pueblo ya golpeado por otras “catástrofes” provocadas: las políticas antiobreras aplicadas por el gobierno que hasta hace poco encabezaba Nicolás Maduro, y que hoy dirigen los hermanos Delcy y Jorge Rodríguez junto a Diosdado Cabello. Todo ello se mide en el desmantelamiento absoluto de los derechos fundamentales y las conquistas históricas que nuestra clase alcanzó tras décadas de combate.

El terremoto no hizo más que superponer su destrucción a una realidad de asfixia generalizada. La respuesta gubernamental ante la emergencia ha sido lo que siempre ha sido: lenta, burocrática e indolente. No se trata solo de una falta crónica de preparación para contingencias, sino de la evidencia irrebatible de la desinversión pública estructural, un sistema de salud en ruinas y un entramado de corrupción inmobiliaria —tanto en el sector público como en el privado— que permitió edificaciones en condiciones precarias, multiplicando el costo en vidas humanas.

Mientras el pueblo entierra a sus muertos, las cúpulas políticas muestran su rostro más deshumanizado, instrumentalizando la tragedia para avanzar en sus agendas particulares. El gobierno actual, profundizando su postura de sumisión a la ocupación estadounidense, ha facilitado una creciente presencia de militares norteamericanos que ya controlan puntos estratégicos del país, incluyendo el aeropuerto internacional de Maiquetía. Donald Trump y su camarilla imperialista ven en nuestra desgracia la oportunidad perfecta para consolidar sus planes coloniales de rapiña en Venezuela y la región. A esto se suma la llegada de una supuesta misión de reconstrucción israelí, una fachada que camufla a jefes militares de uno de los ejércitos más sanguinarios del mundo, responsable del genocidio contra el pueblo palestino.

Por el otro lado, las cúpulas de la oposición patronal no ofrecen ninguna alternativa digna para las mayorías. María Corina Machado exhibe un populismo cínico e impresentable ante el dolor ajeno, pretendiendo que las víctimas entre los escombros aclaman por su retorno, mientras sus seguidores acuden a la embajada de Estados Unidos a mendigar elecciones inmediatas bajo el único interés de encumbrarla en el poder. Condenamos enérgicamente a los personajes que, haciéndose pasar por sindicalistas, actúan como operadores de estas agendas patronales y colonialistas. Su subordinación al patrón extranjero en medio de este luto nacional los vuelve repudiables ante la clase obrera.

La realidad económica no da tregua: el bolívar se hunde en el subsuelo, la devaluación nos destruye sin parar y el régimen laboral actúa de forma tan devastadora como el propio sismo, profundizando el empobrecimiento y convirtiéndonos en mano de obra semiesclava para el beneficio de los patronos públicos y privados que se han enriquecido con el saqueo de nuestro esfuerzo. Ante este escenario, alertamos a los trabajadores y al pueblo venezolano a mantenerse vigilantes: no podemos permitir que el gobierno y la patronal pretendan aprovechar la confusión y el dolor del momento para avanzar en mayores reformas antiobreras. Denunciamos el propósito que venían madurando antes del sismo de querer reformar la Ley Orgánica del Trabajo (LOTTT), cuyo fin real y de fondo es eliminar el costo real de las prestaciones sociales, arrebatándonos el patrimonio histórico de nuestras familias.

Frente a la desidia oficial, saludamos con profundo respeto la inmensa solidaridad de base que ha emergido del propio pueblo. Son los trabajadores y los vecinos quienes, con sus propias manos, remueven escombros buscando vida, y quienes gestionan con dignidad autónoma los refugios y centros de acopio. Esa solidaridad entre iguales y esa autoorganización popular son la verdadera base y el camino para construir una salida genuina a la crisis general. No contamos con ninguna cúpula, sea del color que sea.

Exigimos de inmediato al gobierno nacional que destine la totalidad de los recursos de la nación a atender la emergencia de forma eficiente: la búsqueda incansable de sobrevivientes, la reconstrucción urgente del sistema de salud y la indemnización total a las miles de familias que lo perdieron todo. El dinero existe, pero hoy se lo está llevando el imperialismo y está siendo depositado en sus cuentas en el extranjero a través del despojo de nuestros recursos petroleros. Exigimos ahora más que nunca que esos capitales petroleros retornen de inmediato al país. De igual forma, es deber ineludible del Estado reclamar, exigir y recuperar los fondos retenidos de Venezuela en el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el oro depositado en Inglaterra. Insistimos en que en estos momentos lo central y primordial es atender la emergencia nacional con esos recursos; pero para garantizarlo, los trabajadores y la población en su conjunto debemos armarnos organizativamente para ejercer una estricta auditoría y control social desde abajo. No podemos confiar absolutamente nada a la burocracia corrupta ni al resto de las cúpulas en el manejo de estos fondos.

Al mismo tiempo, la reconstrucción del país pasa necesariamente por la restitución inmediata del salario mínimo como un derecho fundamental que nos ha sido arrebatado. Exigimos el cumplimiento estricto del artículo 91 de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela (CRBV): ¡un salario mínimo digno e igual al costo de la Canasta Básica! El financiamiento de la emergencia y el sustento de los hogares debe extraerse de las ganancias de quienes han explotado históricamente a la clase trabajadora.

A los trabajadores y a los sectores populares no nos queda otra alternativa que pensar y actuar con cabeza propia. Con solidaridad de clase, autonomía y autoorganización desde las bases, debemos asumir hoy un papel protagónico desde abajo mientras dure esta tragedia. Esta respuesta solidaria y de emergencia debe transformarse en la base organizativa y de lucha que nos permita acumular la fuerza necesaria para enfrentar y resolver, por nuestras propias manos, todas las demás catástrofes políticas y económicas que nos azotan. La salida a esta crisis no vendrá de ningún pacto de arriba; es una tarea histórica que solamente podemos conquistar nosotros mismos mediante la movilización independiente.

¡Autonomía e independencia obrera frente a todas las cúpulas y el imperialismo!

¡Por la reconstrucción nacional desde las bases trabajadoras!

Corriente Sindical y de Lucha “Primero de Mayo”